Masacre en La Pesquera

Vídeo: Masacre en La Pesquera (la historia).

Capítulo del libro Los Guerrilleros de Levante y Aragón (I parte). Ed. Tomebamba 2007.

El trágico combate se produce en el término de La Pesquera, y a más de un revés serán dos seguidos. La zona estaba siendo ya vigilada aunque no de manera insistente tanto por la Comandancia de Cuenca como por la de Valencia que tienen sus límites en las riberas escarpadas del río Cabriel, del que alguna vez dije que era el río más beduino de España; de ahí que en sus informes, con la habitual retórica macabra de los escritos de esos años, aún se consigne una cierta improvisación: "siguiendo la práctica para la localización de bandoleros que en algunas ocasiones han hecho acto de presencia en esta zona". La necesidad de actuación del maquis se basa en tener gente cercana que les facilitase además de noticias, alimentos. Tal obviedad genérica era bien conocida por todos. De ahí que la vigilancia se estreche sobre las familias de las que se sabía con certeza que alguno de sus miembros se hallaba con los del monte. Esa vigilancia, en este caso, se cierne sobre la familia del "Manco de La Pesquera". Pero con todo, suele ser el soplo de algún chivato el que proporciona los datos útiles para detener a un primer individuo. Así, tras localizar la GC una estafeta denunciada , se detiene hacia el 20 de enero a Andrés Ponce Fernández "Andresillo", de 46 años, primo de Rufina Monteagudo Ponce, la mujer de "Fortuna", y se le lleva al cuartel de Minglanilla. No hacía mucho tiempo que se había incorporado el tercer guerrillero de La Pesquera, "Julio" . Como tampoco es difícil imaginar la escena siguiente, Andrés Ponce no pudo resistir la paliza que le diesen y acto seguido se prestó a conducir a los guardias al campamento de los guerrilleros. "Andresillo", "de complexión débil y escasa estatura (1,52 cm.)" contaba con una baza a su favor, la última vez que había estado con ellos suministrándoles había sido en la base de La Olmedilla y no en la Quebrada del Morrón, por lo que esperaba que si llevaba a este último lugar a los guardias los guerrilleros no estarían. Desgraciadamente lo que no sabía es que los guerrilleros se habían apostado en esta base. Allí se encontraba buena parte del grupo de "Luis" al mando de su segundo "Madriles" ("Guitarra"). "Madriles" precisamente estuvo advertido de la detención del primo del "Manco". Ante la ausencia de "Fortuna" por hallarse en la misión de La Mancha, fueron su mujer y su sobrino quienes se desplazarían rápidamente al campamento para comunicarle la noticia. La mujer de "Fortuna" abandonaría el campamento tras dar el aviso, no así "Bienvenido" (Francisco Serrano) que se incorpora al grupo pues entiende que "Andresillo" no tendrá más remedio que delatarlo. Pero, en otra de tantas imprudencias, "Madriles" decide no cambiar de emplazamiento esperando la vuelta de "Luis" y de los que han salido con él hacia Requena para realizar una operación económica. Tres de los muertos habidos corresponden a los recién incorporados, los otros tres al propio "Madriles", "Julio" y "Andresillo", a quien se utiliza como escudo humano de primera línea de fuego en el asalto. Hasta el campamento de La Pesquera se había desplazado un verdadero ejército de guardias civiles. Todos los de los puestos limítrofes bajo la órbita de la cabecera de línea de Villanueva de la Jara (Minglanilla, El Herrumblar y Villalpardo), y también la unidad móvil enviada desde Cuenca al mando del todavía sargento Isidoro Arenas Rubio con 10 guardias, más otros tantos que recogió a su paso por Enguídanos. A todos ellos los manda el teniente Camilo Pajuelo hasta la llegada más tardía del propio teniente coronel Jesús Miranda Guerra que estableció su puesto de mando en la Casa de las Hoyas. En esta marcha nocturna el guía y parapeto, lo que le costará la vida tras las primeras descargas de munición, era el propio "Andresillo". El jueves día 30 de enero de madrugada, táctica habitual desde esta fecha en el enfrentamiento con los guerrilleros, después de haberse aproximado al lugar en larga, silenciosa y nocturna caminata para no despertar sospechas ni entre la población ni en la vigilancia establecida, se acercaron hasta la chabola donde se cobijaban unos doce guerrilleros, según la memoria interna, sita en el barranco de Los Berciales. En el dispositivo fueron formados dos grupos con un total de 45 guardias, uno al mando del teniente Pajuelo y el segundo a cargo del sargento Arenas. Se dispuso que el enlace fuera al frente de uno de ellos, vigilado de cerca por el omnipresente y tal vez más despiadado de los guardias de la contrapartida conquense, Isidoro Arenas Rubio. El entonces guardia Felipe Rubio Montalbán, que participó en el asalto, recrea años después siendo brigada jefe de la línea de Archena, así su desarrollo: "El día 29 de enero de 1947 teniendo conocimiento el mando de la 103 Comandancia de Cuenca de que en el pueblo de La Pesquera, demarcación del puesto de Minglanilla, se hallaba instalado el campamento de bandoleros, fue organizada una batida al monte, concentrándose al efecto un grupo de fuerza de unos treinta individuos procedentes del puesto de la capital, puestos limítrofes al efecto y plantilla de éste, del que formaban parte dos sargentos y varios cabos que al mando del teniente jefe de la línea don Camilo Pajuelo Arteaga se trasladaron por la noche de dicha fecha caminando a pie por el monte hasta las inmediaciones de la partida en que se suponía en que estaba el campamento, dando comienzo la batida a los primeros claros a la luz del día 30 del dicho mes y año, coincidiendo la salida del sol el primer contacto con los bandoleros, ordenando el citado oficial la formación de dos grupos con la fuerza antes mencionada que llevaron a efecto inmediatamente el cerco de los forajidos, que resultaron estar acampados en el lugar conocido como Fuente de la Olmedilla, punto muy estratégico por lo accidentado del terreno y abundante maleza, sito a unos cuatro kilómetros del citado pueblo de La Pesquera. El brigada que narra, en aquel tiempo guarda segundo que se encontraba en las proximidades del teniente Arteaga, y percatado por iniciativa propia de que una parte del cerco se hallaba al descubierto, siendo dicho punto lugar apropiado por donde los bandoleros podrían intentar su huida, lo puso inmediatamente en conocimiento del citado oficial, pidiéndole personalmente permiso para trasladarse a aquel sector, lo que debidamente autorizado realizó sin pérdida de tiempo situándose en observación sin realizar disparo alguno. Transcurridos unos treinta minutos y percatados los bandoleros de que aquel sector era el único punto por donde no se les hacía disparos, creyendo no estuviera cubierto intentaron la huida, organizando a tal fin una descubierta que la llevaron a efecto dos componentes de la partida, los que venían avanzando y disparando a intervalos con sendos fusiles. El que suscribe al observar sus maniobras continuó en silencio hasta dejarles acercarse a una distancia de doce a quince metros en que se les pudiera divisar ya que a mayor distancia lo impedía el espesor de arbustos y matorrales, logrado dicha iniciativa personal les hizo fuego con el mosquetón que portaba quedando ambos bandoleros fuera de combate, los que aparentaban tener 25 a 35 años respectivamente, desconociendo sus nombres y demás circunstancias personales, oyéndose al caer estos gran ruido en la maleza que se alejaba hacia el interior del cerco, queriendo suponer que los infortunados eran seguidos a distancia prudencial por el resto de la partida por lo que hico varios disparos hacia donde se alejaban no alcanzando a ninguno de ellos. Más tarde el oficial de referencia ordenó ir estrechando el cerco a los restantes bandoleros, los que bien parapetados en las defensas naturales del terreno y disponiendo de abundantes municiones se defendían con fuego de metralla, fusiles que resultaron ser checos, al parecer procedentes de la cruzada española de liberación, logrando dejarlos a todos fuera de combate a la hora de la puesta del sol de la indicada fecha sin lamentar bajas por parte de la fuerza del cuerpo, excepto el sargento Isidoro Arenas Rubio que fue evacuado con heridas de carácter leve, producidas por la explosión de una granada de Lafitte que lanzó el propio suboficial y que por enredarse la cinta en una rama de un pino le cayó a escasa distancia. Dicha partida de bandoleros era responsable de dos atracos cometidos en distintas fechas a vehículos que circulaban por la carretera general de Madrid Valencia en el lugar conocido por Puerto Contreras figurando entre los vehículos los coches de la línea regular Madrid-Valencia. Se estaba construyendo una central hidroeléctrica en el río Cabriel situada a un kilómetro de distancia del citado puerto, asimismo otros innumerables atracos y fechorías en pueblos pequeños y casas de campo aisladas de aquella comarca. A consecuencia de este servicio fueron concedidas condecoraciones a los mandos referidos" . Fue algo parecido, pero se olvidan detalles valiosos.

La guardia nocturna sí estaba montada. Al ser pleno invierno, y con el campamento en un barranco, lo que remarca su oscuridad, hizo que hasta que no estuvieron muy encima de las chabolas situadas entre dos montículos no se dieran cuanta de la presencia de las fuerzas atacantes. Una vez dada la voz de alarma, sobre las siete de la mañana, empezó lo que fue un durísimo combate con bombas y ráfagas de metralleta y fusiles, y huida de la mitad de los guerrilleros en cuanto tuvieron ocasión. Las primeras bajas fueron de parte atacante. Murió el enlace que les acompañaba, contabilizado después como guerrillero, y resultó herido grave el sargento al explotarle bien cerca una de las bombas de mano lanzadas por él mismo. El sargento Arenas tuvo que ser inmediatamente evacuado a La Pesquera en una caballería y trasladado después al hospital de Cuenca, donde se restableció, curó de sus heridas, fue condecorado y continuó su labor de caza y captura de los guerrilleros conquenses, además de sus malandanzas con disfraz de maqui en la contrapartida que a partir de este año dirigiría. El combate, uno de los más duros de toda la historia de la AGL, sino el más duro y directo, continuó hasta las cinco de la tarde. Todo un día de luz invernal. Los guerrilleros intentaron huir pero ya se había establecido el cerco. Con todo, el matorral espeso posibilitó que se desplegaran y al menos dos, con seguridad ("Bartolo" y "Bienvenido") sortearan el asedio. Los restantes repelieron y aguantaron el ataque individualmente, como verdaderos héroes. En La Pesquera todavía se recuerdan las palabras groseras y los gritos biliosos que pegó el teniente coronel de Cuenca cuando llegó, tarde, al lugar y vio que todavía estaban en pleno combate. Con la anochecida, a partir de las 18 horas, se hizo recuento de bajas. Cuatro heridos por parte de los guardias, el sargento Isidoro Arenas con múltiples heridas de metralla en el cuerpo y en el rostro, principalmente en el derecho, el teniente Pajuelo en el dedo índice de la mano derecha, el cabo Longinos Alonso López por heridas leves de metralla, y los guardias José Salguero Banderas (natural de Algodonales, Cádiz, y destinado en Minglanilla, de 36 años) y Francisco García López por rozaduras de bala. Todo ello lo diagnosticó el médico de Minglanilla, Santiago López Malla . Por parte de los guerrilleros, además del enlace Andrés Ponce Ferrándiz "Andresillo , hubo cinco fallecidos, dos de ellos fueron Fidel Villena Pérez "Julio" (que en varios libros se le confunde con el madrileño muerto en Andorra (Teruel) de nombre Julio Pérez), de 21 años, natural de la Aldea del Cañaveral (Mira), cuñado de "Salvador" y de "Cristóbal", quien se había incorporado el día 1 de noviembre; otro de ellos era el jefe del campamento "Guitarra" ("Pepito el Madriles"); y los otros tres sin identificar a fecha de hoy, (aunque uno de ellos con seguridad se trata de Vicente Boix). Los tres, según declara el "Manco", tal vez la aproximación más exacta a la verdad para una posible identificación de los mismos, recién incorporados desde Valencia y que provenían de Madrid, lo que indica su relación con las detenciones que se estaban produciendo en las dos capitales. Tan sólo se salvaron, al menos, "Bienvenido" y "Bartolo". El primero de ellos buscaría el apoyo de su tía, la mujer de "Fortuna", y ambos recorrerían algunos puntos de apoyo, como la Casa del Valiente, o antes el domicilio de Jesús Tarín en Iniesta. La mujer de "Fortuna", vía Valencia, sería evacuada a Barcelona, donde viviría, y el sobrino a partir de este momento permanecería en guerrillas con el apodo de "Bienvenido" en honor al hermano de "Jalisco", aunque en estos primeros meses se le conociese por "Paco". "Bartolo", por el contrario, retornaría hacia la población de Anna, donde en el mes de marzo coincidiría con su hermano "Jaimito" y parte del grupo de "Luis", y con ellos abandonaría las guerrillas, que no la lucha armada, aunque con otro carácter militante. En el campamento quedaron las armas, fusiles y mosquetones Máuser y Mausini, alguna bomba de piña, 109 pts., y documentación y propaganda de la Agrupación Guerrillera de Levante. El primer intento de identificación de los cadáveres se haría el día 31 a las once horas en el lugar donde se efectuó el asalto, la Quebrada del Morrón, por el juez de paz de La Pesquera Augusto López López. Los cadáveres, totalmente desfigurados y masacrados por los disparos y bombas a discreción, fueron llevados hasta el cementerio de La Pesquera donde se les practicó la autopsia el día primero de febrero por los médicos de Motilla, Campillo, Minglanilla y Puebla del Salvador: Vicente Vega Redondo, Ramón Canal Pérez, Santiago López Malla y Pedro Aramburu González, respectivamente. Así lo exigía la norma. Los cuerpos estaban, al igual que ocurrirá en Cerro Moreno, literalmente acribillados. Los tres fallecidos sin identificar era gente muy joven, de unos 20 años de edad . La fortuna aliada con lo que, según se comentó en la propia guerrilla, fue una falta de previsión pues no se miró la estafeta de la base de Cuevas Blancas , en las Quebradas del río Cabriel, hizo que el grupo del Estado Mayor con "Rodolfo" a la cabeza, compuesto además por el escribiente "Fernando el Pecas" (Salvador Peiró Ferragut), el enlace "Chispa" (Manuel Ramírez Risueño) , "Peñaranda" (Marcelino Fernández García), y Francisco López Descalzo, que recién se incorporaba desde Iniesta, se diera de bruces con un dispositivo de guardias. Su exceso de confianza, que conllevó que no supiesen que también este campamento, una cueva junto al río Cabriel, había sido asaltado y sus ocupantes, el grupo de "Ventura", habían tenido un fuerte enfrentamiento en el mismo antes de poderlo abandonar y ponerse todos a salvo, les pasó factura. La vigilancia y el recorrido de todas aquellas vertientes se mantenía operativa, y a ambos lados del río, pues el percance anterior había enfrentado a guardias y guerrilleros en posiciones contrarias del Cabriel . Precisamente tanto "Chispa" como "Fernando el Pecas" (también apodado "Tarzán"), "Peñaranda" y el propio "Rodolfo" habían partido unos días antes para suministrar en el pueblo de Iniesta . "Ventura", el recién nombrado jefe de dicho grupo, había sido el encargado de poner sendas estafetas para que no entrasen en el campamento, pero los que regresaban de la localidad manchega de madrugada serán descubiertos por los apostaderos allí establecidos. Su falta de precaución además incluyó el no leer ninguna de las dos estafetas. Ni tan siquiera "Rodolfo" atendió los rumores que hablaban probablemente del enfrentamiento de La Pesquera, por lo que le señalaron que se quedaran en Iniesta algunos días más hasta que por enlaces confirmaran con precisión lo acaecido. "Habrá sido en las cuevas de Requena. No es necesario que salga ningún camarada a recoger información" fue su comentario. Y con la misma imprudencia se llegó al campamento, seguramente para no faltar a la fecha prevista de enlace. Los guardias que habían quedado de vigilancia sorprendieron a los cinco guerrilleros cuando se aproximaban. "Rodolfo", "Chispa" y "El Pecas" fallecerían, en tanto que "Peñaranda" y el joven de Iniesta se volverían al pueblo de donde habían partido. Todavía el joven Francisco López pudo recoger la pistola de "Rodolfo" y entregársela a "Peñaranda". Y éste aún pasaría unos días en la casa de Silvio Tarín, en una caseta del pozo de agua a las fueras del pueblo donde trabajaba, hasta informarse igualmente de las seis muertes de La Pesquera. Poco después al mismo punto de apoyo acudirán la mujer del "Manco de La Pesquera" y su sobrino, y hacia mitad de febrero los tres, "Peñaranda", Rufina Monteagudo y Francisco Serrano, volverán a reintegrarse en la Agrupación, en tanto que el joven de Iniesta desechará su idea anterior de ser guerrillero y permanecerá en el pueblo, lo cual no implicará que hacia mediados de año sea delatado. El grupo de guerrilleros que habían salido ilesos del encuentro de las Hoces lo componían "Ventura" (Joaquín Bernat Agustí), "Matías" (Pedro Alcoriza Peinado), Salvador (Victoriano Soriano Villena), "Gerardo" (Victoriano García Martínez), "La Llave" (Juan Antonio Magraner Torán), "Angelillo", un joven incorporado "Adolfo", y "Eugenio" (Federico Gallego García). En su repliegue, tras saber de lo ocurrido en La Pesquera por "Cristóbal" y de recibir suministro en un cerro próximo al pueblo a través de la mujer del "Manco", cuando se dirigían hacia los campamentos del 11º Sector atravesando el término de Mira, se tropezaron con dos guardas de monte. Contrariados como estaban después de las tremendas bajas sufridas, las más numerosas de toda la Agrupación hasta el momento, e igualmente de toda la historia del AGLA, excepto las del fatídico desenlace de Cerro Moreno, severamente les preguntaran a los forestales si iban a dar cuenta a los civiles de su presencia. Uno de ellos respondió negativamente pero el segundo no se amedrentó y dijo que al momento que se fueran, y que además había acompañado a los guardias en el asalto de La Olmedilla. Eso le costó la vida. El guarda del Pozo de la Llave, Dionisio Alcarria Rubio, sería ahorcado el día 1 de febrero de 1947 en las inmediaciones de la casilla de Flores (Mira). La Guardia Civil insinúa que fue por la ayuda prestada al cuerpo, lo que nos llevaría a pensar que ciertamente él les había conducido al campamento, o al menos les habría aportado más que buena orientación. Como de costumbre, tras el hecho, a partir del día siguiente, se marcaron servicios de rastreo de la zona que no dieron resultados positivos. Las gestiones infructuosas no finalizaron hasta el día 24 de marzo. "El mismo día 30 durante la lucha que damos cuenta el comandante Miranda recibió una comunicación del destacamento de Fonseca (Valencia) dándole cuenta de haber sido localizado un grupo de bandoleros en una cueva, cerca del río Cabriel, reclamando el envío de fuerzas. Sin pérdida de tiempo se ordenó la marcha a dicho punto del destacamento de Contreras único disponible. Establecida así la situación se presentó en Minglanilla el jefe del sector de Landete comandante Carmona dando cuenta al jefe del tercio de haber sido vistos otros bandoleros en las proximidades de Fuencaliente, a cuyo pueblo se dirigió el coronel López Montijano, haciéndose cargo de la dirección de los servicios y siendo organizadas las batidas, una al cargo del comandante Miranda y otra a cargo del comandante Carmona. Las fuerzas que marcharon en dirección a la Fonseca y de ellas un grupo al mando del cabo Máximo Solera Maenza establecieron contacto con cinco bandoleros con el que el citado grupo sostuvo una encarnizada lucha logrando tras intenso fuego dar muerte a tres de ellos y alcanzar a otros dos que lograron huir en la seguridad de que se hallan heridos, recogiéndose por las fuerzas documentos, municiones, armas y enseres. Complementos de estos importantísimos servicios ha sido la detención de diversos enlaces en los pueblos de La Pesquera, Minglanilla y Fuencaliente, entre ellos el secretario municipal de la primera de las citadas localidades, confesando haber facilitado salvoconductos sellados en blanco para que los utilizaran los bandidos. Cosa que se comprobó con el hallazgo de algunos de los recogidos en los cadáveres. De los bandoleros muertos en el término de La Pesquera uno de ellos fue reconocido como el autor del atraco cometido en Los Jaimes el día 30 de octubre pasado, y el grupo batido en la Fonseca ha sido identificado el cadáver de Salvador Peiró Ferragut, conocido por el "Fernando" jefe de la partida. Toda la fuerza rivalizó en entusiasmo y heroísmo con un espíritu digno del mayor elogio, combatiendo durante muchas horas sobre la nieve sin desfallecer un sólo instante siendo felicitado por el coronel jefe del primer tercio que ha formado la oportuna propuesta de recompensas. Merece igualmente citarse el comportamiento de las autoridades locales que dieron toda clase de facilidades para el alojamiento y alimentación de los guardias" . De resultas del enfrentamiento, los informes oficiales dan a creer que se había liquidado a todos los guerrilleros tanto en un encuentro como en otro, pero en realidad más de la mitad pudieron escaparse. Lo que sí sucedió a continuación es la acción previsible del servicio de información en los aledaños para capturar a cualquier persona que los hubiese visto y no denunciado, que los hubiera tenido alojados en alguna de sus casuchas de monte, o que ocasionalmente les proporcionara abastecimiento. Daba igual fuese quien fuese. Era cuestión de ir escrutando con lupa los documentos intervenidos en los macutos, las confidencias de las autoridades falangistas, o bien de las declaraciones de los que pos estos motivos se fueran conduciendo a los calabozos municipales. Así por ejemplo se supo que desde La Pesquera el secretario había facilitado salvoconductos. Varios de ellos aparecieron entre los enseres de "Bienvenido", e incluso, en las referencias orales, se señala que le encontraron un listado con los enlaces del pueblo. Por lo tanto el titular de ese cargo en el ayuntamiento, Sergio Zamora Serrano, natural de Barchín del Hoyo, será detenido . Desde dos años atrás conoce la presencia del "Manco" huido en el monte y sin contacto con ninguna partida. En varias ocasiones ha estado en casa de Basiliso y Rufina comentando la marcha de la política internacional y le ha facilitado documentos, uno incluso a nombre del sobrino del "Manco" a quien imagina en Barcelona. La Pesquera, y también Iniesta, Villalpardo, Mira, Camporrobles y Minglanilla estarán en el punto de mira del Servicio de Información gubernamental. Ciertamente, y retomando líneas previas, la detención de "Andresillo" no había sido nada casual. La intervención contra el núcleo del "Mejicano" en Valencia donde su nexo con La Pesquera ya estaba marcado a través de Victoriano Monleón, y el revisar a punta de lápiz los documentos hallados en el macuto de "Bienvenido", había fijado en las aldeas ribereñas del Cabriel el objetivo represor. El día 2 de febrero se registran los interrogatorios de todos los detenidos, lo que claramente nos indica que su instrucción provenía de días anteriores. Es al tiempo del esclarecimiento de los sucesos de Villalpardo cuando la brigada se encuentra con la sorpresa de la detención de "Andresillo". Ya desde el día 8 de enero se venían produciendo algunas detenciones, a las que posteriormente siguió la de este importante enlace. En estos primeros arrestos lo verdaderamente sorprendente es la captura del grupo del "Mejicano", que por otra parte ya andaba en tratos con la guerrilla para incorporarse, pero que tan sólo efectuaría "Chingalito" (Dionisio Pardo). A todos los detenidos se les conduce a Minglanilla y posteriormente a Cuenca. A partir del día 2 de febrero el mismo teniente Pajuelo se encarga del interrogatorio. La primera en caer es la joven de 20 años natural de Landete, Amparo Monleón Varea. Amparo Monleón mantenía contactos de estraperlo de harina y de arroz en Valencia con Consuelo Martínez en cuya casa de la calle de los Tintes se reunía la banda de "El Mejicano". Hasta esta dirección había llegado a través de una señora de Utiel, Constantina, a la que había ayudado a vender aceite por el pueblo de Landete. Amparo Monleón será detenida en Villalpardo en la casa de Félix Martínez Martínez, de donde era natural Consuelo Martínez y a donde ésta había enviado a Amparo Monleón a cambiar arroz por harina. La amistad de Amparo Monleón con "Chingadito", de quien llevaba una fotografía, hizo que al mostrar su documentación fuese retenida. Es capturado también uno de los más importante enlaces de la zona, Victoriano Monleón Pérez , de la aldea Las Huertas de la Pradera de La Pesquera, que a la sazón vivía en Valencia, pero se trasladó a su aldea para hacer funciones de enlace en principio con el grupo del "Mejicano" y con la guerrilla a través del "Manco de La Pesquera" y del propio "Andresillo". También Monleón dio otro nombre enlazado con estos seguidores del "Mejicano" y con la AGL, el del vecino de Minglanilla Esteban Gandía Alarcón "Laureanete" de profesión carnicero. Precisamente es "Andresillo" quien lo presenta, y a través de "Fortuna", tras entrevistarse con ellos en la Rambla Salada en el mes de septiembre, acepta ayudarles, lo que realiza acogiendo en su casa a huidos de Valencia y facilitando información. Otro detenido en La Pesquera es Julio Bellver Coronado, quien también quedó enlazado a través de "Fortuna" con Monleón y con otro convecino, Doroteo Coronado Serrano, primo hermano del "Manco". Ambos, como igualmente Salomé Iniesta Martínez, en distintas ocasiones le llevarán víveres a su propia casa o hasta el paraje de las Taínas de las Majadas . Los sucesos de La Pesquera todavía tendrán continuación en las numerosas detenciones practicadas en Camporrobles , Villalpardo e Iniesta principalmente; localidad esta última de donde era natural uno de los fallecidos "Chispa", y en la que el 21 de febrero se detendrá a cuatro personas relacionadas con "una organización clandestina de ayuda a la guerrilla" como habitualmente se consignará en los libros de registro de Gobierno Civil, y a los que se les hará pasar dentro de la magnificencia del lenguaje policial como "peligrosos jefes de la organización clandestina Guerrilleros de Levante". Meses más tarde, el 13 de junio, será detenido también en Iniesta y trasladado a Minglanilla el joven de 24 años, a quien ya nos hemos referido, Francisco López Descalzo , al cual se le acusó de formar parte de la partida de guerrilleros que mantuvo el enfrentamiento en La Pesquera "el día 30 de enero último y logró fugarse de la refriega emprendiendo en principio fuga a Valencia donde estuvo algún tiempo al amparo de dos hermanos, viniéndose después a su pueblo donde estaría oculto hasta el momento de su detención". Con esta apreciación, habitualmente suele incluírsele en los listados de guerrilleros del 5º Sector. Y ciertamente así fue. Aunque su proceso, tras su captura por alguna filtración recogida en el propio pueblo por el cabo de Iniesta Pedro Cosías Hortelano y el guardia Antonio Coronado Cruz, sin embargo nos muestra que Francisco López tan sólo reconoce que se relacionaba con algunos de los posibles enlaces de la guerrilla. En concreto cita a José López "El Badanero" y Prudencio, a otro José cuñado del primero, con quienes marcharía a la Casilla del Agua, a las afueras del pueblo donde llegarían cuatro guerrilleros. En la reunión también estarían presentes los vecinos Ángel Pajarón, Teófilo, Antonio Domínguez y José y Antonio Muñoz Igualada. A Francisco López, Prudencio le daría cinco duros por ayudar a los guerrilleros a llevar los víveres a su campamento, pero al llegar a La Fonseca, unos tres kilómetros más tarde, se produce el tiroteo y Francisco tirará su bulto y emprenderá la veloz huida junto con "Peñaranda". Todas estas redadas de principios de febrero, basadas en los aditamentos ya citados pero también en las listas, por simpatía, de las Juntas de Vigilancia local, en realidad llevaron a la cárcel a más de sesenta vecinos de los pueblos nombrados: José López Pérez, Prudencio Ruiz, Felipe Carrero, Israel Ramírez, José Muñoz Igualada, etc; y supondrá el desarme completo de la ayuda a la guerrilla en la población de Iniesta que desde entonces la Agrupación ya no volverá a utilizar, volcándose posteriormente hacia el entorno de Villamalea. Porque además, ante las detenciones, otros vecinos huirían hacia Francia, como es el caso de Rodolfo el Hojalatero, Francisco Sebastián, y que tan sólo uno de los más destacados componentes del núcleo de apoyo, Silvio Tarín, huyera hasta Valencia , y tras refugiarse en casa de su hermana en Manises lograra ponerse en contacto con el Partido, y hacia finales de año, vía Sagunto, subiese a la montaña el 8 de noviembre incorporándose al campamento de "Capitán". Silvio Tarín utilizaría a partir de entonces el apodo de "Jerónimo" en recuerdo de un buen compañero del servicio militar. Pero la redada de principios de febrero, iniciada ya a mitad enero, tuvo otras consecuencias relacionadas con los sucesos de Villalpardo y la muerte del vecino Heliodoro de las Heras, como fue el arresto de todo el grupo independiente del "Mejicano", exceptuando a su jefe que tras el intento de ingresar en la guerrilla desapareció del mapa y de las pesquisas policiales; y de "Chingalito" que pasaría a engrosar al 5º Sector, muriendo posteriormente al final de este año de 1947 en el enfrentamiento del Puente de Campanar (Valencia). La detención de Amparo Monleón llevó consigo el que se fijase la casa de Consuelo Martínez como lugar de reunión del grupo del "Mejicano". Prontamente la Comandancia de Cuenca delegó sus pesquisas en uno de sus oficiales, buen conocedor de la capital levantina pues allí había dejado un buen recuerdo de palizas en los cuerpos de los presos. El sargento agregado a la Plana Mayor, Matías Rodríguez Cid, ayudado por el guardia con destino en Villanueva de la Jara, Francisco García López (herido anteriormente en La Pesquera) se personan en Valencia y con apoyos de agentes de esta ciudad van deteniendo a la práctica totalidad de los integrantes de la banda. Una vez capturados, a todos ellos se les traslada hasta Minglanilla para continuar sobre el terreno los interrogatorios y los careos. El primero en caer es Julián Martínez Martínez, de 19 años de edad, natural de Villalpardo, hijo de Honorato y Constantina, que vive con su familia en la ya nombrada calle de los Tintes (nº 4, puerta 3). Julián Martínez da los nombres de los que en su casa se reúnen con "El Mejicano", a quien el propio Julián ya conocía anteriormente ("El Mejicano", estaba casado, y vivía en la calle Toneleros, número 2). Las reuniones se vienen celebrando desde el mes de septiembre de 1946. Asisten a ellas Roberto López Gallego, Ángel Gallego Pérez, Francisco Pardo Rodríguez, Dionisio Pardo Rodríguez "Chingalito", Juan Sanz Lozano "El Cerzo" y Basilio Sanz Lozano. "El Mejicano" en esas reuniones presume, con cierto aire de embaucador, de estar en contacto con los guerrilleros. Mezcla en su discurso perspectivas de acción del maquis, sin todavía figurar organizado y regido por ningún esquema de acción política. Y hasta les plantea a sus pupilos que tiene que hacer algunos viajes a Barcelona y a Asturias para contactar con la resistencia de dichas regiones, al tiempo que deja caer la necesidad económica que conlleva su existencia y de ahí el planteamiento de acciones semejantes a las de la guerrilla. Cuenta además con otro captado para su causa, como es el enlace ya nombrado Victoriano Monleón, que realizaba frecuentes viajes desde su aldea de La Pradera a Valencia y que se solía reunirse con el jefe de los anteriores tanto en casa de Julián Martínez como en la taberna "La Paca" de la calle Moro Zeit donde llegaron a intercambiarse Fragua Social, aportado por "El Mejicano", con El Guerrillero llevado por Monleón. Con estas perspectivas piensan en realizar algunos atracos. El primero en Vadocañas que no llegaron a culminar, y el siguiente el ya comentado de finales de 1946 en Villalpardo, además del posterior robo al grupo de estraperlistas en la carretera de Requena. No contaban con mucho armamento, desde luego mucho menos que el que les suponía la guerrilla, apenas dos pistolas, dos revólveres, una carabina y una gumía; y estos dos objetos últimos sustraídos en una casa de campo en la que penetraron en el trayecto entre Minglanilla y Villalpardo que lo hicieron a pie. Las armas, por el contrario, se las facilitaba en el mercado negro un tal Vicente Lloesma, que regentaba una tienda de muebles en la calle Botellas. Hasta Minglanilla habían llegado desde Aldaya, vía Utiel en tren, y desde aquí a Minglanilla en un camión, para tras comer en un bar de este último pueblo salir campo a través los siete que se presentaron en Villalpardo a donde llegan el día 29 ya de anochecida. Detenidos a finales de enero, los seis componentes del grupo del "Mejicano": Julián Martínez, Roberto López, Francisco Pardo, Ángel Gallego, Basilio Sanz y Juan Sanz, serán juzgados en Madrid en 1949 y condenados a muerte. Pena irremisible que se cumplirá el 28 de abril de ese mismo año en la cárcel de Carabanchel. Su actuación, propia de unas condiciones de carencias absolutas, y hasta seguramente mediatizada, y tal vez hasta inducida desde otras esferas, por el protagonismo de su jefe, representa esa línea débil por la que en muchos casos se moverá y hasta se nutrirá la guerrilla. La delincuencia urbana de calado y fines políticos alentará en algunos momentos los focos guerrilleros, pero igualmente ocurrirá con la simple delincuencia social, pues algunos de sus activistas, al sentirse descubiertos, intentarán tras establecer algún tipo de vínculo con el Partido, y a veces también con la Policía, incorporarse al monte. En alguna ocasión no muy lejana, veremos cómo el jefe del 11º Sector, recrimina a la dirección regional el que se les envíe a unos "auténticos chorizos", por lo que les exige más rigor en esas decisiones. Algo de todo esto puede apreciarse en la corta vida de este grupo, cuyo final a golpe de ley de "bandidaje y terrorismo" nos parece hoy en día sin duda desmesurado habida cuenta del desigual grado de implicación directa en los hechos de sus componentes. No sería fusilado, aunque sí condenado a muerte y luego conmutada, el enlace Victoriano Monleón, que, por cierto, resultó ser uno de los ultimo presos en salir del penal de San Miguel de los Reyes. En la zona de Villalpardo y Villarta debió quedar todo ese atisbo de miedo -basado en tantos condicionantes de la época represiva- que hizo, como ocurrirá en tantos otros lugares, que se presenten hasta denuncias falsas, consciente o inconscientemente, así el 11 de marzo, uno de los somatenes del pueblo de Villarta denunciaría que había visto a dos individuos armados en el término de su pueblo, pero "practicadas las averiguaciones pertinentes se vino en conocimiento de que no existían tales individuos armados y sí dos pastores que se dirigían a la tinada donde habían encerrado el ganado, y como uno de ellos llevara un palo al hombro dicho somatenista creyó que se trataba de un arma", concluye el relato oficial.